Migrar es mucho más que cambiar de código postal, de ciudad, de país o de vecinos. Es despedirte de tu familia y dejar lo que eras en tu lugar de origen para empezar a ser otro en un nuevo lugar. En eso estamos de acuerdo los que alguna vez tomamos la decisión de comenzar la vida en otro país. De lo que no somos conscientes, muchas veces, es de que también se trata de un proceso de pérdida, de duelo, que debemos vivir y transitar.
Es como un puente que se atraviesa, paso a paso, caminando. Ese proceso es conocido como “duelo migratorio”.
Adriana Penagos, quien se ha formado como pedagoga, se ha especializado en logoterapia y en tanatología, disciplina científica que aborda de manera humanista el proceso de morir y el duelo de manera integral, explica que los seres humanos transitamos constantemente por procesos de pérdidas, que estas pérdidas forman parte de nuestra vida y que ello conlleva, sin duda, un tipo de duelo.
“Cuando un ser querido muere, cuando enfrentas una enfermedad, cuando sucede un cambio de apariencia, cuando una pareja tiene un problema de fertilidad, cuando sucede una pérdida económica y también cuando migras…”
Todas estas experiencias conllevan un proceso que debemos transitar para reincorporarnos de nuevo a la vida. Podría decirse, entonces, que el duelo “es el estado de pensamiento, sentimiento y actividad que se produce como consecuencia de la pérdida de una persona amada o de algo significativo”, añade Adriana.
¿Qué es el duelo migratorio?
El psicoterapeuta Julio Vicente Pérez, dice que el duelo migratorio es un proceso de reorganización de la personalidad tras una pérdida. “Es recomponer las piezas en otro sitio. Es como que te partes en pedacitos para caber en una maleta y llegas al lugar y te vuelves a reconstruir”, reflexiona Adriana desde su formación profesional en acompañamiento de duelos y su experiencia personal como inmigrante.
En el caso de la experiencia migratoria se habla de un duelo múltiple, porque al viajar debes dejar tu casa, tu familia, tu estatus social, tu rol familiar, la cultura, tu idioma y el lugar en el que formaste tu propia identidad.
Sin duda, hay mucho que recomponer durante este proceso que, en todo caso, es transitorio y que dependiendo de cada etapa, se vive de forma diferente: antes de irte, cuando llegas al lugar, cuando estás en el proceso de buscar trabajo, cuando ingresas los hijos a la escuela. “Esto puede llegar a afectar la identidad y la autoestima. Uno llega a otro país y dice, bueno ¿y ahora qué hago?” reflexiona la especialista.
Aunque hayas estudiado el lugar previamente y te hayas informado hasta la saciedad del país, de su clima, de su cultura, de las escuelas, del trabajo, asentarse en esa nueva realidad siempre implica un choque.
Ese puente que se va transitando mientras la vida sigue corriendo, es diferente para cada persona. Cada individuo vive su duelo de manera distinta: si vas de acompañante de tu pareja, si vas solo, si eres un niño, si eres un adolescente… Se trata de un proceso muy personal en el que hay días buenos, hay días malos y estados de ánimo cambiantes.
Adriana enfatiza en los síntomas que se vuelven comunes durante esta etapa: irritabilidad, tristeza, ansiedad y a veces dolores de estómago. “Algunas veces sientes angustia y quieres llorar, luego te haces fuerte y dices, ¡pero ya tomé esta decisión! Es una lucha contigo mismo de permitirse sentir o de no sentir, decir me equivoqué o no me equivoqué. A veces se siente paralizado el proyecto de vida, la toma de decisiones y hay sentimientos de culpa”.
Las etapas del duelo migratorio
Adriana cita el modelo de la investigadora Elisabeth Kübler-Ross, para explicar que el duelo tiene cinco etapas que los migrantes debemos transitar. La primera es la etapa de Negación, donde el inmigrante se opone a ver la realidad del nuevo entorno. La segunda es la Ira, en la que aparece la frustración y la rabia al no poder controlar las situaciones que vivimos, o la frustración ante el nuevo sistema o el idioma. La tercera etapa es de Negociación, en la que se intenta llegar a un acuerdo con el cambio.
La cuarta etapa es la Depresión, donde finalmente se asume la realidad y surge la tristeza profunda y la necesidad de reconocer la magnitud de la ausencia. Y finalmente llega la etapa de Aceptación, que no necesariamente implica felicidad sino la asimilación y la integración de lo que se ha perdido y se da la posibilidad de incorporar la nueva rutina a la vida.
¿Pero cuánto tiempo puede durar todo este proceso? Ante pérdidas muy significativas, complementa Adriana, el tiempo más aproximado para superar el duelo es de unos dos años.
“Con esto no quiero decir que pasan dos años y ya dejas de sentir tristeza. A veces ves la luz y a veces no ves la luz, es lo más normal. Pero uno puede seguir llorando por su país diez años después. Decir transitar significa aprender a vivir con…, no significa que dejas de sentir o te olvidas, en ese tránsito te vas curtiendo en este proceso”.
La valentía de ser migrante
Los que hemos migrado alguna vez coincidimos en que dejar tu país y llegar a un lugar nuevo y rehacer tu vida, implica tener un alto grado de valentía. Adriana Penagos coincide con esto y añade que se requiere tener mucho coraje para “tomar la decisión de pararse y empezar tu vida en otro país o en otro lugar”.
Pero ello implica desarrollar algunas habilidades, como tener apertura y estar abierto a las nuevas oportunidades. Si tú estás cerrado y enajenado y piensas, “mi país es lo máximo, ¿qué hago aquí?”, de verdad no vas a poder avanzar en nada. Tienes que ser flexible y estar dispuesto a adaptarte. “Es la capacidad de dominar y superar la nostalgia, que nos lleva al pasado, a la tristeza, a darle vueltas al dolor que a veces se enciende en una videollamada, o en un evento familiar en el que tú no estabas. Es la capacidad de decir: bueno, sí, siento tristeza, me da mucha nostalgia. Es tomar conciencia de ello”.
Entonces empiezas a desarrollar valores como la resiliencia, la tolerancia a la frustración, aprender a ser más benevolente contigo mismo, a ser “más buena onda”, y entender que aunque te sientas así debes darte una oportunidad.
Se debe aprender también a trabajar la inteligencia social. Adriana explica que es fundamental interactuar con otras personas pues esto ayuda a sobrellevar mejor las pérdidas, pero además enriquecen tu vida. “Por ejemplo, te encuentras con personas tan importantes en tu vida, que se convierten en tus amigos y se vuelven parte de la familia. Si yo no hubiera emigrado, no hubiera conocido a personas tan valiosas que quedan en mi vida y en mi corazón para siempre”.
Se trata también de permitirse sentir. Sentir tristeza y dolor. Se trata de ponerle nombre a todas las emociones que estás viviendo: enojo, frustración, pesadez. “Uff, hoy ha sido un día pesado… Cuando uno verbaliza esa emoción, la angustia disminuye. Es muy importante decir, estoy pasando por un proceso, por un cambio y estoy adaptándome. No debes dejar de comer, de tomar agua, moverte, hacer ejercicio ayuda muchísimo a la mente y al cuerpo. Expresar los sentimientos y seguir con tus propios intereses”.
Como experta en logoterapia, disciplina centrada en ayudar a las personas a encontrar un sentido y un propósito, Adriana considera que la esperanza es un valor que te ayuda a superar el duelo migratorio. La esperanza de que estás haciendo algo positivo por tí y por los tuyos, la esperanza de que tendrás una videollamada el fin de semana. Es importante entender también el valor del agradecimiento. Agradecer por lo que tienes, lo que eres, lo que estás construyendo, lo que has logrado; darte los méritos por todo lo que has logrado.
Finalmente Adriana recomienda aprender el idioma del lugar donde se llega, abrir la mente aunque la experiencia genere un choque de culturas, apreciar la belleza y las bondades del nuevo lugar y seguir desarrollando permanentemente la capacidad de reinventarse.
“También hay que tratar de pasarla bien, sino todo se vuelve mucho más pesado para uno y para los que están alrededor. Tener amigos y encontrar personas afines… Dicen que los duelos se pasan usando el oído, el hombro y el abrazo y yo creo que como latinos esto es algo muy importante”.
Adriana Penagos
Pedagoga, tanatóloga y logoterapeuta. A través de sesiones individuales y cursos, te acompaño a dar sentido a los retos que nos presenta la vida.
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